La Sierra de Gata situada en el extremo más noroccidental de la provincia de Cáceres, es una zona de gran belleza paisajística y que goza de un rico patrimonio. Son muchos los restos que prueban el poblamiento de las tierras gateñas ya existentes desde la Prehistoria: grabados, dólmenes, castros o restos romanos entre otros. Si bien esta agreste y hermosa zona, una de las más bonitas del Macizo Central es también una gran desconocida y hasta nuestros días es escasa la bibliografía que le hace referencia.

Los primeros estudios que se elaboraron sobre la comarca fueron realizados por Don Daniel Berjano Escobar (Oviedo 1854-San Sebastián 1939) un jovencísimo registrador de la propiedad que llegó a Hoyos en los primeros años de la Restauración. Don Daniel acabó apasionándose por la arqueología a medida que iba encontrando numerosos restos y realizó investigaciones muy interesantes publicadas en lo que luego fue un clásico de la historiografía regional como la Revista de Extremadura. Cabe mencionar también a Marcelino Guerra Hontiveros autor en 1897 de “Apuntes de la Sierra de Gata” o a Gervasio Velo Nieto, destacado peraliego y miembro de la Real Academia de la Historia en los años sesenta.

La llegada de los musulmanes a la península y su posterior asentamiento supuso la fortificación de puntos estratégicos de los que quedan algunos testimonios como el castillo de Santibañez el Alto. Con la Reconquista se producirá el traspaso de poderes a manos de las Ordenes Militares que se habían asentado en la Península desde el siglo XII con un claro protagonismo de la de Alcántara.

El desconocimiento del origen de los repobladores que se embarcaron en la aventura de asentarse en la sierra y del momento exacto en el que se produjo, dificulta la veracidad y exactitud en la creencia de considerar que fueron norteños y más en concreto astur-leoneses los que llegaron a la comarca. La fuerte incidencia de este fenómeno se deja notar en aspectos como el urbanístico en la configuración de la fisonomía de algunos de los pueblos, o en el lingüístico materializado este último con la pervivencia de la “fala”. En cuanto al aspecto urbanístico las similitudes con la zona norte se pueden intuir en aspectos como el uso de balconadas corridas de madera o los fuertes y pronunciados aleros.

Las ventanas geminadas también son un elemento identificador de la urbanística serragatina. En este caso como aberturas o vanos de las casas solariegas. Hoyos es un claro ejemplo, elemento que también se identifica en edificios asturianos como el Palacio de Santa María del Naranco.

En cuanto a sus similitudes lingüísticas Roso de Luna (1872-1931) citado por Sánchez Dragó se atreve a sostener que el dialecto extremeño con sus finales en “u” y sus palabras elípticas es un bable de pura cepa dando a entender que esta zona fue repoblada por asturianos. Esta misma hipótesis parece confirmarse por otros procedimientos. Para ello es necesario recurrir al estudio de los antiguos apellidos de la gente de Villamiel. Según esto la localidad fue repoblada por “coritos”, es decir gentes que procedían del condado de Llanes en la Asturias de Santillana, hoy a los villamelanos se les llama “guritos” que desciende del de corito. Los coritos pudieron ser los habitantes que procedentes de la comarca de Coria (Cáceres) fueron llevados a las montañas asturianas por Alfonso I y que por su procedencia recibieron este apelativo. La repoblación de Villamiel hubiera sido el viaje de retorno hacia la tierra de sus antepasados. En cuanto a las consecuencias lingüísticas y en concreto la peculiaridad de la “fala” con sus variantes son muchas las hipótesis que se barajan en referencia a su origen.

Lo verdaderamente cierto es que conforman una de las singularidades culturales más importantes de la comarca y en concreto de la del valle de Xalima en la que se ubican los tres pueblos que la mantienen viva en la actualidad: Valverde del Fresno, San Martin de Trevejo y Eljas. Siguiendo la línea investigadora del profesor Domingo Domené hay quien opina como es el caso de los filólogos portugueses que está relacionada con el galaico-portugués.

Esta hipótesis puede verse reforzada si se considera la circunstancia histórica de que durante el reinado de Fruela I de Asturias (722-768) se asentaron en el valle de Sarriá (Lugo) un grupo de mozárabes, muchos de ellos procedentes de Coria y quizá sus descendientes siglos después y en un camino de retorno se establecieron en estas villas cuando fue necesario repoblarlas tras la Reconquista.

Que estas líneas sirvan para reflexionar acerca del origen de los primeros repobladores de la Sierra aún con planteamientos demasiado arriesgados o en el peor de los casos equivocados en el tiempo y en el espacio.

 

Por Guadalupe Ordóñez.

 

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