El mundo y las sociedades han cambiado, hoy por hoy, acudimos a los supermercados y las pequeñas tiendas de nuestros municipios, acostumbrados a elegir lo que queremos comer. Independientemente de que sea temporada o no, normalmente la mayoría de los productos se encuentran disponibles todo el año. ¿Pero cómo era antes? Nuestros mayores han estado acostumbrados a comer siguiendo las temporadas y cosechas. Además de la diversas etapas por las que pasa la crianza del ganado. Acompáñanos en un repaso por los ciclos gastronómicos que se mantuvieron firmes durante toda la Historia de la Humanidad. Durante este pequeño texto nos referiremos desde la experiencia de Hernán-Pérez

PRIMAVERA

La primavera es la estación del año en la que el ganadero ve incrementado el volumen de leche de sus pastorías caprinas. Es por tanto época de elaboración del queso.

Aunque en la actualidad son las modernas queserías las que se encargan de esta labor, aún hoy podemos encontrar en nuestros pueblos industrias domésticas que de modo artesanal elaboran uno de los productos más típicos del medio rural destinado al consumo familiar.

Se trata además de una época en la que se siguen aprovechando los productos en conserva envasados en el verano y almacenados durante el otoño. Aunque hoy en día el autoabastecimiento tiende a desaparecer, todavía en algunas casas las legumbres se conservan en tinajas de barro con laurel como único conservante contra el ataque del gorgojo.

VERANO

El verano es época de intensa actividad en el campo y de recogida de los productos de la huerta. En Hernán-Pérez “antaño” las gentes se trasladaban del núcleo rural a la ribera del rio, las llamadas “huertas de Tralgas” durante los meses de abril a octubre.

Comenzaba para ellos un cambio de costumbres y de actividades que aún hoy muchos recuerdan con nostalgia. La jornada comenzaba al amanecer y transcurría entre canteros de patatas, tomateras, sandiales etc para finalizar entre chascarrillos y largas conversaciones en el serano de la noche- De vez en cuando se subía al pueblo para cocer el pan y cubrir necesidades especiales.

La circunstancia de ser un pueblo fronterizo con el vecino Portugal también ha dejado entre nosotros alguna que otra anécdota que transmitida de generación en generación habla de contrabandistas que al abrigo de la noche se surtían de los productos que generosamente les regalaban los dueños de las huertas a cambio de valiosos productos que en aquel momento eran difíciles de conseguir en el mercado.

En la actualidad la actividad hortícola es más escasa y se lleva a cabo en huertos próximos al municipio o anexos al domicilio particular. Las huertas del rio Tralgas apenas se cultivan y han pasado a formar parte de la historia del pueblo.

CICLO DE OTOÑO

Nuestra comarca y Hernán-Pérez en particular se caracterizan por poseer una base económica agrícola-ganadera con una superficie de olivar cuyo cultivo empezó a desarrollarse en el siglo XVIII. La recolección de la aceituna es por tanto la actividad predominante de la estación otoñal durante los meses de septiembre a noviembre aproximadamente, es la llamada ´época de “verdeo” en la que se recolecta el primer fruto en su variante de “manzanilla cacereña” destinada al consumo de mesa. Para el familiar las aceitunas se almacenan en tinajas de barro aliñadas con laurel, orégano y sal entre otros ingredientes. Constituyen un manjar exquisito y más si se acompañan de pan y un buen vino de pitarra.

La obtención de este se lleva a cabo con la vendimia. Antaño el zumo se obtenía con el pisado de la uva. Hoy en día son las modernas prensas las que realizan esta tarea; aun así todavía podemos contemplar en algunos de los pueblos de la comarca como el de San Martin de Trevejo, los tradicionales husillos.

Del prensado de la uva se obtenía la materia prima que después y con la utilización del alambique se destilaba para obtener el aguardiente.

INVIERNO

El invierno es sinónimo de matanza, generalmente suele realizarse unos días antes de Nochebuena por ser esta época de heladas, con temperaturas muy idóneas para junto con la lumbre de la lancha garantizar una buena curación de la chacina.

La matanza del cerdo gozó de una gran popularidad y era una actividad anual realizada por la inmensa mayoría de las familias que destinaban su consumo al autoabastecimiento. En la actualidad esta actividad se ha convertido en una fiesta popular a la que acude el público como si de un evento se tratase para compartir una jornada gastronómica con tintes festivos.

Aunque hoy en día el autoabastecimiento es mucho menor y los productos alimenticios, muy variados, se obtienen a través de la compra en tiendas o grandes superficies, es tarea de todos mantener en la memoria las antiguas prácticas culinarias y valorar en su justa medida el esfuerzo con el que antes se obtenían los artículos de primera necesidad.

 

Autora: Guadalupe Ordóñez.

 

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